Señor: arrodillado ante el sagrario me presento ante ti, consciente de mi pequeñez pero a la vez de mi grandeza. El tiempo de cuaresma me hace sentir pequeño por la fragilidad de mi naturaleza, por mi limitación y dependencia al tiempo y al espacio. Poder adorarte en la Eucaristía me lleva a pensar que mi pequeñez puede amar a tu omnipotencia y que no te importa salir de tu eternidad para entrar en mi tiempo. Pensar que soy tuyo porque me creaste a tu imagen, que me compraste con tu sangre y que me aceptas tal como soy. “Mis delicias son estar con los hijos de los hombres”.
Cuantas veces, Señor, estoy ante tu presencia, ante la presencia del Dios Todopoderoso, y no sé qué decirte, no sé cómo tratarte, no sé que pedirte, no sé qué es lo que más te agrada. Pienso Señor, que Tú ya te alegras al verme caminar hacia el sagrario, que te complace que “esté” porque cuando se “está” ni siquiera apetece hablar. Con el solo “estar” ante ti, te estoy diciendo que te quiero, que creo en ti, que deseo seguirte y darte gracias por elegirme entre muchos para compartir amores y confidencias.
Entiendo, Señor, que mis palabras son tan pobres que pudieran alterar lo que tu mirada pueda decirme. Cuando Tú me hablas lo haces sin formularios a través de las vicisitudes o pensamientos de mi vida cotidiana. "Dios sienta en el trono a los sencillos, quienes desbordan sabiduría".
No siempre Señor, descubro tu voluntad en medio de los aconteceres que llegan a mi vida. A veces no sé lo qué me quieres decir a través de la enfermedad, de la contrariedad, del accidente. Mi tendencia inmediata es interpretarlo como que mi entrega quizás no se lo merecía.
Se Señor, que debo confiar en tu Providencia porque Tú no puedes dejar de amarme. No fue un pensamiento tuyo hacerte hombre y morir en una cruz, sino que sabiendo que pagarías con tu sangre mi rescate, aceptas la voluntad del Padre. Como a San José hazme entender que “también a través de la angustia pasa la voluntad de Dios, su proyecto, y aunque muchas veces ocurren hechos en nuestra vida cuyo significado no entendemos, Tú ya lo tienes programado desde antes de la creación del mundo. “Cuando José despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado”.
-Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar
Pienso Señor, que la fe me puede decir que estás real y verdaderamente en la Eucaristía, pero es el deseo de amarte quien me invita a compartir sentimientos, saber de ti y que Tú sepas de mí, darte a conocer a los que no creen y no te aman. “Sólo cuando hablamos con Dios podemos también hablar de Él”. Por intercesión de María y José te pido saber interpretar como ellos, los aconteceres que llegan a mi vida. Que la luz del Espíritu Santo me conceda la luz necesaria para comprender, aceptar y vivir conforme a tu voluntad.
-Sea por siempre bendito y alabado
