Señor: repasando las etapas de la historia de la humanidad, veo que en todas ellas Tú has sido relegado, perseguido y olvidado por el ser humano. Ayer y hoy “los tuyos no te recibieron”, y aunque tu sueño de venir a este mundo era abrirnos las puertas del cielo y mostrar la cercanía de un Dios Padre, no lo entendimos así y te respondimos con agravios y muerte. Pudiste mandar fuego sobre la tierra y destruirla y solo por la fidelidad de “diez justos” aceptas perdonarnos. Llevado por tu gran amor a la criatura pasas de ser omnipotente a sentir escaseces, de tener todo en el cielo a precisar la protección de una humilde mujer y un pobre carpintero.
Para responder a tu desmedido amor solo me pides que te siga, que crea en ti: “El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá, y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente”. Que ante las contrariedades te mire resucitado, me adapte a tus tiempos y camine con esperanza por tus caminos: “el rostro de la esperanza es Cristo resucitado”. Que cuando vea que mis fuerzas se apagan piense que tu Providencia tiene solución a mis imposibles, porque Tú eres “la fuerza que se da a los que no tienen fuerza”
Me pides que te ofrezca mi pequeñez y mis desconsuelos porque Tú los trasformas en dignidad y cielo. Para ti Señor, mi vida y mi historia no caen en el vacio ni quedan en el anonimato porque me has comprado con tu sangre. No soy tu juguete o tu pasatiempo. «Mis delicias son los hijos de los hombres»
“No temas, porque yo te he redimido, te he llamado por tu nombre, tú eres mío. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpido”. Creo firmemente que “Tú Señor, tienes palabras de vida eterna” y todas tus promesas se cumplen. Mi fe en ti se atreve a pensar que al cielo le faltaría algo si no figurara el lugar donde el Padre me prepara una morada eterna. “Voy a preparar un lugar para vosotros, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.
Señor: no te sigo por alcanzar tus promesas, ni porque espere una morada en tu reino: “No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera”. Mi amor por ti nace porque Tú antes ya me amabas. Yo te conocía como personaje de los libros de historia hasta que “pasaste junto a mi mar de Galilea” y me dijiste que te siguiera. Conocerte y amarte hoy es obra del Espíritu Santo que poco a poco me ha ido mostrando al Jesús de Nazaret Dios y Hombre verdadero que por mi amor se hizo carne.
-Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar
Señor: me pregunto con el salmo: ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Mis méritos son tuyos porque tuyos son los denarios que me diste. Mías son las traiciones, los olvidos, la indiferencia y no verte en los pobres. Quisiera responder a tu amor acompañando a la Virgen Maria y entonar juntos el Magníficat: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava”.
-Sea por siempre bendito y alabado
